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Actualizada a las 11:34 - 02/09/2010
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Diga dónde vive y su enfermedad será profesional o común

  • 19 de febrero de 2010
  • 09:47
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La frontera entre lo que se considera enfermedad común y enfermedad profesional es una fina línea que delimita en muchas ocasiones la misma enfermedad pero en distinto grados. La prevención de riesgos laborales ha pasado a formar parte ya de las políticas de empresa de todas las compañías y los datos confirman que cada año hay menos enfermedades laborales, al menos en España, y según en qué autonomía viva el trabajador. En todo el 2009 se registraron menos de 17.000 enfermedades relacionadas o causadas por el desempeño de las funciones propias del puesto de trabajo, 2.000 menos que en 2008 y casi un tercio menos que en 2006.

 

Sin embargo, los expertos en medicina del trabajo y los sindicatos consideran que estos datos no son en absoluto fiables porque cada vez más se produce un infradiagnóstico de las patologías que se consideran como enfermedades comunes. De ahí que las diferencias con el resto de países de la Unión Europea sean abismales e incluso dentro de las fronteras nacionales. Así se desprende de un informe de UGT elaborado con los datos aportados por el Ministerio de Trabajo en el que se concluye que en Navarra se declaró en 2009, una enfermedad laboral por cada 160 trabajadores, mientras en Madrid sale a una por cada más de 2.500 trabajadores y en Andalucía a una por cada 2.900 asalariados. Y ello no significa que unos estén más sanos que otros, sino que los métodos de detección son enormemente dispares. Aunque también puede influir el tipo de actividad laboral que se desarrolla en cada una de las comunidades analizadas, aunque eso sólo no explicaría semejantes diferencias.

 

El modelo navarro

En la comunidad foral existe un proceso que trata de dividir las enfermedades comunes con las profesionales, y alcanza ya a más del 70% de la población. Se trata de un programa informático que ayuda al médico de atención primaria a discernir si el caso ante el que se encuentra responde a una u otra patología, ya que cuando introduce el motivo de la consulta aparece un mensaje en pantalla alertando de que podría tratarse de una enfermedad laboral por lo que se le plantean al paciente unas cuestiones que en caso de responder afirmativamente deriva al enfermo al Instituto Navarro de Salud laboral para que lo considere y evalúe.

 

En caso de confirmarse es el propio organismo el que se pone en contacto con la mutua para que declare la enfermedad del trabajador como profesional. En caso contrario se le sigue tratando como enfermedad común. En Navarra están seguros de que es la única forma de que afloren muchas enfermedades profesionales que de otra forma pasarían inadvertidas para los profesionales sanitarios de la atención primaria que están saturados de pacientes, disponen de poco tiempo para cada consulta y no siempre conocen las condiciones o el tipo de trabajo que desarrolla cada uno de sus pacientes. En Cataluña están empezando a probar un modelo muy parecido y queda por ver cuáles son los resultados en la primera fase de implantación.

 

La Seguridad Social por su parte confirma la desigualdad entre interregional y coincide en que se debe a los diferentes métodos de detección utilizados y a esa fina frontera que delimita qué es enfermedad profesional y qué no, y que no todos los médicos de atención primaria dominan. De ahí que la solución que propone en organismo público sea la de dotar a cada centro de salud con un médico especializado en Medicina del Trabajo, una idea que los sindicatos aplauden. Un estudio realizado por el catedrático García Benavides en 2005 aseguraba que el 16% de las incapacidades temporales por contingencias comunes deberían ser atendidas por las mutuas y no por el servicio sanitario público.

 

Más datos, según el Eurostat, el 5’78% de los trabajadores padece una o varias patologías relacionadas con su trabajo, mientras que la media de la zona euro se sitúa en el 7’5% y la de la Europa de los Veintisiete en el 8’6%. Esa media tiene a España en un extremo y a los países nórdicos por otro donde el diagnóstico es más exacto y de ahí salga una cifra del 24’5% de los trabajadores finlandeses con alguna enfermedad profesional, mientras que en un país de los que ocupa la zona media de la tabla como es Bélgica el dato sea del 11’7%, más del doble que en España.

 

Diferencia de salario y tratamiento

La importancia de realizar un diagnóstico correcto de lo que es o no una enfermedad profesional es vital para la propia salud del trabajador, pero también para sus intereses económicos ya que en caso de que la incapacidad temporal esté motivada por una contingencia común, el subsidio que se percibe es del 60% de la base salarial, mientras que si es profesional, asciende al 75%. Pero además en este segundo caso, todo el tratamiento médico y farmacológico corre a cargo de la mutua. Sin embargo, en el primer caso, en las medicinas comparten pago la Seguridad Social y el propio paciente y en caso de necesitar rehabilitación, hay un tope de sesiones y el resto hasta su correcta recuperación han de salir de su bolsillo.

 

La lista de enfermedades profesionales que ha de tenerse como referencia data de 2006 y en ellas se destaca que las más comunes son las musculoesqueléticas,  como lumbalgias, tendinitis, problemas en las articulaciones, contracturas musculares y escoliosis. Sin embargo hay enfermedades íntimamente ligadas al sector en que se encuadra la industria como son las respiratorias, las que afectan a la piel o a las mucosas como ojos y nariz y que suelen ser aquellos expuestos s productos químicos y contaminación.

 

Las mutuas y las reclamaciones

Sin embargo hay expertos que apuntan más allá y consideran que tras el enorme infradiagnóstico que existe en España en lo que se refiere a enfermedades profesionales están los intereses es de las mutuas, que derivan muchas enfermedades que pueden considerarse tanto comunes como laborales al servicio sanitario público, ya que cada enfermedad que tramitan supone un coste para la propia mutua. Frente a esta opinión está la postura oficial de la Seguridad Social, que afirma que las mutuas no son empresas que busquen el lucro ya que las partidas presupuestarias no utilizadas se devuelven a la caja de la Seguridad Social. Lo mismo ocurre con las empresas, que no se benefician de este aparente trasvase de enfermos de unos organismos a otros ya que éstas no pagan sus primas según los accidentes o enfermedades que declaren sus trabajadores, sino según la actividad económica e industrial a la que pertenecen.

 

Pese a todo, en caso de que un trabajador considere que la patología que sufre es una enfermedad profesional y no una contingencia común, desde 2008 puede interponer una reclamación ante la oficina de la Seguridad Social de su demarcación, donde analizarán pormenorizadamente su caso y resolverán la duda. De hecho y pese a que esta posibilidad no es demasiado conocida, durante el pasado 2009 se analizaron casi 14.500 expedientes de los que se consideraron fundados como enfermedad profesional más de 630, un 4’5% de ellos. La propia Seguridad Social aboga y trabaja por aunar ahora los métodos de detección de enfermedades profesionales para igualara a los ciudadanos en derechos y servicios independientemente de la comunidad autónoma en la que vivan.

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