En el entorno anglosajón se les conoce como workaholics, un juego de palabras con trabajo (work) y alcohólico. Se trata de los adictos al trabajo, una especie surgida hace décadas en el mundo empresarial pero que sólo ahora muestra sus efectos perniciosos, no sólo para el propio empleado, si no también para la empresa, que a medio plazo pierde un excelente y productivo trabajador.
Bien es sabido que todos los excesos son malos, por tanto la lógica auguraba que tan malo es para la empresa contra con un trabajador holgazán como con uno que está, literalmente, enganchado a su trabajo. Según distintos estudios de diversas instituciones, la adicción al trabajo es una patología que padece entre el 7% y el 12% de los trabajadores en activo del país, una cifra sin duda elevada. Pero, ¿qué se considera exactamente como adicción al trabajo? Aunque hasta hace poco no había maneras muy fiables de diagnosticarlos, se consideraba como tal una relación de dependencia patológica del trabajo.
Y además, los expertos en rehabilitación de adicciones, aseguran que es frecuente que vaya asociado a otras dependencias como el alcohol, los tranquilizantes o la cocaína, algo que ocurre en el 30% de los casos. No es de extrañar, pues el cuerpo y la mente humana no están diseñados para soportar jornadas maratonianas de 16 horas de trabajo seis o siete días a la semana durante meses y a veces incluso años. Tanto en el plano físico como en el mental es necesario un descanso, pero a muchos les es cada día más difícil desconectar del trabajo.
Cambio de perspectiva
Hasta hace poco, aquella persona que dedicaba la mayor parte de su vida al trabajo a costa de sacrificar su propia vida personal, familiar y social era reconocida por las empresas y por la propia sociedad, puesto que su productividad era elevada. Sin embargo, un estudio conjunto entre
Pero además, el trabajo destaca que esa alta productividad se produce sólo al principio de la adicción ya que con el tiempo, como ocurre con todas las otras drogas, existe una menor felicidad y un menor cuidado de estas personas por su salud y acaban convirtiendo su vida en algo unidimensional, que ya no le reporta beneficios, y por tanto, su productividad y efectividad en el trabajo desciende de forma acusada, pese a que siga trabajando al mismo ritmo. Cuando no trabaja, esta gente siente ansiedad y sentimientos de culpabilidad.
El perfil
Pese a que puede afectar a cualquiera suelen ser profesionales de entre 35 y 45 años con puestos de relativa responsabilidad en las empresas, donde desempeñan trabajos para los que se necesita una alta cualificación. Precisamente estas características hacen que la adicción sea más atractiva ya que el propio trabajador puede alargar su jornada cuanto quiera y asumir nuevas responsabilidades. Sus tareas le ofrecen además la posibilidad de evolucionar, lo que les estimula aun más y se perfila como el elemento que engancha a la persona a necesitar cada vez más sentir esa sensación.
Los workaholic, suelen ser personas muy perfeccionistas u obsesivas que no delegan, y necesitan tener el control de todo, pero también se da en casos de personas altamente narcisistas que lo que buscan es el reconocimiento social y la ostentación de poder. A menudo se entremezclan ambas, lo que da idea de la complejidad del asunto. Y es precisamente esto, que al principio les convertía en los candidatos perfectos a cualquier puesto, lo que acaba por llevara al empresa a una vorágine de descenso de la productividad y mal ambiente laboral que se enzarzan. Al ser personas muy competitivas no trabajan en equipo y se aislan de sus compañeros creando un ambiente tenso con sus compañeros.
Lo bueno, en su justa medida
Sin embargo, los expertos aclaran que esto no se debe confundir con el compromiso con la empresa algo que es muy valorado por las compañías y reporta beneficios al trabajador, que en este caso puede trabajar en exceso pero es capaz de desconectar una vez termina su jornada y relacionarse con la familia o los amigos y disfrutar de sus aficiones, algo que el adicto al trabajo no es capaz de lograr. Es precisamente esa capacidad de desconectar la que mantiene al trabajador a salvo y le permite mantener alta su productividad. Se trata, pues, de mantener el equilibrio entre el trabajo y la vida personal.
De hecho, parece que la tendencia se difumina en las nuevas generaciones que han visto como sus padres, trabajadores en los años 60 y 70 salían de casa por la mañana temprano y no regresaban hasta bien entrada la noche, y valoran tanto el trabajo como el tiempo libre para disfrutar de la vida. Se trata, pues, de una especie de efecto rebote, que aún no ha alcanzado su auge pues se trata de los más jóvenes, menores de 30 años, que aún no han alcanzado esos puestos de relativa relevancia donde suele hacer acto de presencia la adicción.
Comentarios:
no bn bn
si bn bn
no no bn bn
esto esta re chiro y me puede ayudar par no tener una adiccion al trabajo
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