La capital de la isla esmeralda es un crisol de colores donde cualquiera se siente como en casa. Pese a ser una ciudad del norte de Europa, cubierta muy a menudo por nubes, es una ciudad alegre, joven y divertida que ha sabido sacar partido de sus dos grandes atractivos, la cultura y la bebida, esta última representada por la exquisita cerveza Guinness que se puede degustar en la propia fábrica en una terraza con vistas panorámicas a toda la ciudad, o la destilería de Jameson, dicen que uno de los mejores whiskys.
En la capital de la república de Irlanda se hace bueno el dicho que asegura que en ese país, en un solo día puede pasarse por las cuatro estaciones del año, y es que pese a que suela ser una ciudad nubosa y con frecuentes lluvias de septiembre a junio, las temperaturas son agradables todo el año. Además de un enorme puerto, la ciudad está atravesada por el río Liffey, que no dividida, pues hay numerosos puentes de diferentes épocas que lo cruzan, como el Ha’penny Bridge, conocido así porque antiguamente había que pagar un penique para cruzarlo. Mus cerca de él se encuentra el monumento conmemorativo más moderno de la ciudad, el Monumentos de la luz, conocido popularmente como Spire o aguja, un gigantesco cilindro de
Lana de Donegal
Al otro lado del río está Temple Bar la zona de pubs más tradicional, donde se dan cita desde los jóvenes más modernos hasta los mejores músicos de la ciudad o los turistas en busca de la auténtica esencia de la ciudad. Buena zona también para las compras, del mismo modo que la calle Grafton y sus alrededores, donde poder comprar cualquier prenda de ropa de lana de Donegal, considerada una de las de mayor calidad del mundo. Al final de la calle está el Trinity College, la universidad más antigua de Irlanda, fundada en 1592 y que cuenta con espectaculares edificios que acoge el Libro de Kells, un manuscrito del año 800 considerado uno de los pocos que aún existe de esa época.
Una ciudad de novela
La catedral de San Patricio es la más importante y rinde tributo al patrón del país, pero sin duda lo que más llama la atención de Dublín es la ruta literaria que lleva al visitante a conocer los lugares donde los ilustres Oscar Wilde, Geroge Bernard Shaw, Samnuel Beckett, James Joyce o el nobel WB Yeats se inspiraron para sus obras. De camino se puede hacer un alto para visitar el Castillo, recientemente rehabilitado donde se ha aunado la esencia tradicional con un colorista pintado de su fachada posterior. No hay, sin duda, ningún castillo tan moderno en todo el continente.
Datos a tener en cuenta para el visitante, que puede volar desde Santiago entre marzo y octubre con la compañía Aer Lingus o desde Oporto con Ryanair a diario es el cambio horario, ya que allí es una hora menos que en España. Irlanda forma parte de
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