Día uno de enero de cualquier año, dos puntos. Dejar de fumar, ir al gimnasio, comer sano, adelgazar, volver a estudiar… Día 31 de diciembre de ese mismo año, ninguno de los propósitos realizados un año antes se han cumplido y los expertos en psicología saben que hay varios factores que fallan para que lleguen a buen puertos doce meses después, y es que la clave principal está en la disciplina.
En primero lugar, los psicólogos apuntar a que falta perseverancia, llevar a cabo un propósito requiere un esfuerzo diario que cuesta mantener porque requiere trabajo y la fuerza de voluntad se va haciendo cada día que pasa más laxa. En segundo lugar apuntan a los problema de motivación ya que muchas veces no son propósitos meditados, analizados su pros y contras si no decisiones repentinas u orientadas por la misma decisión tomada por el entorno o lo que la sociedad considera como correcto, pero que la persona no identifica como suya.
Los otros dos motivos por los que los propósitos de año nuevo no pasan de febrero son menos obvios pero igual de importantes. El primero es una mala planificación ya que no se evalúan ni los tiempos ni los esfuerzos que serán necesarios para poder llevar a cabo esa empresa. Y finalmente porque las metas son demasiadas y excesivamente generales, a saber, adelgazar, dejar de fumar, ir al gimnasio y estudiar idiomas. Es más probable que se consiga alguno de ellos si la atención y el esfuerzo se centra en sólo uno y si además de pone metas, como adelgazar dos kilos, fumar la mitad o ir al gimnasio los lunes y los jueves.
Pautas para conseguirlo
Hay seis claves que permiten mantener la disciplina, la voluntad y el esfuerzo erguido para lograr terminar el año cumpliendo los objetivos que se hayan marcado, tres preparatorios y tres a modo de contrato. La primera es analizar si la motivación es personal, real y sincera. La segunda es concretar, qué se va a hacer, y qué se quiere conseguir exactamente cuantificando si es posible. Planificar cómo va a llevarse a cabo para ser constante y buscar la motivación constante que ayudará a perseverar.
Los últimos tres son ponerlo por escrito, contárselo a alguien cercano para que el compromiso sea más fuerte y plantear recordatorios, una vez a la semana o cada dos, para reevaluar la motivación, la planificación y ver los avances. Sólo así se conseguirá llegar a diciembre con los deberes de enero hechos. Y para los momentos en que se desee tirar la toalla hay que analizar qué ha fallado y decidir si todavía se quiere llevar a cabo o no. Y es que las cosas no siempre salen a la primera que no por eso hay que dejar de intentarlo, eso sí, con sensatez.
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