Hay quien se casa con una persona y quien lo hace con una empresa; otros con las dos. La conciliación entre la vida familiar y laboral no es fácil, y menos si ambas partes implicadas son empresarios. Pero existen fórmulas que convierten este reto en una realidad.
En España hay unas tres millones y medio de empresas según el Instituto Nacional de Estadística, INE, de las cuales muchas están dirigidas por mujeres. Es inevitable pues que en este mundo empresarial hombres y mujeres interactúen, llegando a compartir algo más que un negocio. La convivencia de los fuera de sus respectivas empresas no es sencilla, pero gestionada de la mejor manera, se pueden conseguir importantes ventajas.
Lo primero es conocer los pros y los contras de la relación personal y de la situación que van a tener que afrontar. Un análisis DAFO, ya que a en ocasiones, las amenazas en una convivencia entre dos empresarios pueden convertirse en oportunidades, y cada debilidad en una fortaleza. Por lo general, la convivencia entre dos empresarios exige mucho, demasiado a veces. La dedicación al 99% a la empresa puede ser perjudicial para la pareja y para uno mismo. Cuando un empresario llega a casa, es difícil desconectar y olvidar los problemas en la oficina. Esto implica no tener un horario fijado, por lo que se corre el riesgo de descuidar el tiempo libre. Este problema parece haberse solventado, no obstante, a la tecnología y al teletrabajo.
Una de las claves para ‘convalidar’ o complementar el trabajo con la familia es hacer un pacto que consiste en un reparto de tareas, siempre en función de la planificación de la agenda profesional de la pareja. Otro consejo es evitar las nuevas iniciativas a la vez por parte de los dos, ya que quitará más tiempo del que se tiene. Si no se puede arañar más el tiempo, lo ideal en estos casos es buscar ayuda externa, sobre todo para las tareas domésticas. Una parte del salario es preciso dedicarlo a una persona que se encargue de aquello que el empresario o la empresaria no puede o no quiere hacer.
Ventajas
Lo positivo de convivir con otro empresario es que nadie va a entender mejor los problemas a los que uno se enfrenta en el día a día. En este sentido, una pareja de empresarios suele generar rasgos comunes como la independencia, el espíritu emprendedor, la ambición de desarrollar proyectos o la complicidad que les ayudará a entenderse mucho mejor. Compartir el ‘know how’ de ambos les beneficiará en buen grado a sus negocios.
Comentarios:
ojalá para mi pudiese ser asi de facil, que nadie dijo que lo fuera
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