Las pequeñas y medianas empresas son las compañías más desfavorecidas en lo que a formación directiva se refiere, por varios motivos. Puede ser que el empresario se encargue de varios departamentos a la vez y el tiempo le impida formarse mejor, o que no cuente con los recursos necesarios para realizar uno de los prestigiosos, pero también caros, cursos de dirección, o simplemente que no vea la necesidad. Afortunadamente poco a poco esta última percepción ha ido cambiando y hoy ya son muchos los empresarios que demandan una formación más amplia.
Pero el concepto de formación no ha de restringirse a los tres pilares básicos, el de los conceptos técnicos, el de los genéricos y el de los específicos. Ello no implica que lo ideal para el correcto funcionamiento de la empresa sea que el empresario cuente con nociones de todas ellas que, sin duda, ayudarán a que la empresa crezca y evolucione de la manera más efectiva posible. Con formación genérica se consigue dotar al director de la empresa de las herramientas necesarias para gestionar la empresa, con las técnicas, se consigue que adecue mejor las posibilidades de la empresa al entorno en que ésta desarrolla su actividad y con las específicas, se consigue que el empresario tenga conocimientos amplios sobre el funcionamiento del sector en el que se encuadra la empresa.
Formación para el desarrollo directivo
Tanto dentro de la formación genérica como de la técnica se encuentran la comunicación interpersonal, la gestión de equipos de personas, o la estrategia empresarial, entre otras. Todas ellas son herramientas que mejorarán tanto las relaciones entre como con las personas dentro del un organigrama empresarial ya sea este de tamaño reducido como mediano. Una empresa no deja de ser un grupo de personas que trabajan por un objetivo común y como tal tiene que tener una jerarquía adecuada, una correcta atribución de funciones, o un líder que capitanee al equipo.
Por todo ello es necesario que más pronto que tarde los directivos y gestores de pequeñas y medianas empresas se decidan a implantar programas para el desarrollo directivo en su organización ya que no sólo el coaching de dirección, la sensibilización de los puestos de mando o las herramientas de evaluación son necesarias para el gerente único de la empresa, si no también para aquellos mandos intermedios que trabajan como enlace entre la dirección y los trabajadores y que a menudo se sienten perdidos o fuera de lugar. Entonces las empresas tendrán un valor diferencial que podrán aplicar a todos sus procesos productivos.
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