Una empresa nace, la mayoría de las veces, de una idea a la que se le lleva dando vueltas. Los emprendedores que deciden ponerse en marcha y darle forma a esa idea que tienen en mente es necesario pulirla para conocerla en profundidad de forma que se conozcan hasta los posibles fallos que se pudiesen producir una vez introducida la idea inicial en el mercado. Y es aquí donde radica el éxito de una empresa.
Un business plan -o plan de empresa- es un trámite obligado en caso de solicitar subvenciones, convencer a un posible inversor o conseguir un crédito bancario, pero se debe siempre concebir un plan empresaria como algo más. El plan de empresa es una herramienta de reflexión y análisis sobre la idea de negocio, que ayuda a identificar cualquier posible duda o problema, tal y como explica la responsable de emprendeduría del Parque de Innovación
En la elaboración de un plan empresarial, uno de los errores que más cometen los futuros empresarios es obviar la competencia y el mercado en el que se van a adentrar. La falta de prospección genera un desconocimiento de las condiciones del mercado y sus proveedores. Estudiar a fondo el potencial mercado en el que van a operar los futuros empresarios significa establecer unos pronósticos de ingresos mucho más realistas, lo cual es beneficioso para ellos. Según explica Belén Flecha, del Parque Tecnológico de Asturias, es casi imprescindible hacer un trabajo de campo previo, ya que es la información más fiable y directa que los emprendedores pueden conseguir del mercado. Es obvio entonces que tener conocimiento de las características del mercado, así como de sus competidores es esencial para evitar vender un producto a ciegas, a expensas de lo que en el mercado ocurre, además de saber a quien dirigirse en cada momento.
Ponerse en su lugar
Un plan debe sin ninguna duda diferenciarse de los demás y describir las ventajas del producto sobre otros que puedan coexistir en el mercado. Asimismo, debe reflejar las razones de porqué el potencial consumidor compraría este producto y no otro. Para ello, es necesario no centrarse sólo en las especificaciones o descripciones técnicas del producto, sino en lo que ofrece, y porqué el futuro cliente debería decantarse por él. En definitiva, dar a conocer uno a uno los beneficios del producto al cliente. Y la fórmula es ponerse en su lugar, porque de ahí se observarán las debilidades y fortalezas del producto en cuestión.
Un plan B
Aunque la idea que se está gestando se perciba como la mejor de todas, casi nunca es así. Cuando se tiene una idea empresarial, se tienen muchas expectativas de futuro, positivas, la mayoría de ellas, lo cual es bueno, pero hay, aunque suene un tanto raro, es mejor ser algo más negativo en esta cuestión. El emprendedor debe tener en manos distintas alternativas en caso de que su futura empresa vaya mal o su producto se encuentre con competidores directos que lo desbancan del ranking. Está bien creer en la idea pero no ‘idealizarla’, aunque suene paradójico. Y aquí es donde entra el plan b. Hay que imaginarse la peor situación posible para conseguir una previsión ajustada a lo que pueda pasar realmente.
Una vez hecho esto, hay que seguir actualizando el plan, para tener constancia de las posibles desviaciones. ‘El plan de empresa debe ser la referencia para saber dónde están o cuanto se han desviado de lo previsto tras los primeros meses’, explica el responsable de evaluación y diagnóstico del BIC Galicia, Roberto Vieites.
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