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Actualizada a las 09:41 - 08/09/2010
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Una normativa hará obligatorio indicar la marca de origen de los productos importados

  • 09 de diciembre de 2009
  • 12:15
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‘Made in’ China o Taiwan. Esta frase es conocida por todos y a partir de ahora, obligatoria en toda clase de artículos de venta al público. El Parlamento Europeo ha aprobado una resolución por la que se hace obligatorio indicar la procedencia de los productos que se encuentran a la venta.

 

Con la entrada en vigor del Tratado de Lisboa, a través del cual el Parlamento Europeo obtiene los mismo poderes que el Consejo Europeo en materia de comercio internacional, y la presión ejercida por los distintos gobiernos europeos ha propiciado la aprobación de un acuerdo a través del cual todos los países deben indicar la marca de origen de los productos importados.

 

Hasta el momento, Europa no había llegado a un acuerdo con el Consejo Europeo para legislar de manera más estricta la marca de origen o procedencia de productos tales como prendas de ropa, zapatos joyas o aparatos electrónicos. Algo que países como China, Japón, los Estados Unidos o Canadá llevan haciendo durante años. En el año 2005, hubo un intento de especificar la marca de origen de los artículos importados, sin embargo, según la eurodiputada y Vicepresidenta de la Comisión de Comercio Internacional (INTA) Cristina Muscardini, el Consejo Europeo no se puso de acuerdo con la propuesta de la Comisión que sí apoyó el Parlamento Europeo.

 

Limbo jurídico

La falta de consenso de los agentes implicados genera un vacío en lo que a calidad se refiere, ya que el consumidor final no llega a conocer realmente la procedencia y origen del producto que adquieren, generando además una competencia desleal entre los grandes distribuidores. De ahí que se reitere la necesidad de crear una norma más estricta y específica que según la eurodiputada, ponga ‘fin a este limbo jurídico si queremos que el mercado sea realmente libre’.

 

El hecho de que indicar la marca de origen no sea un requerimiento da vía libre a la fabricación de falsificaciones, un mercado negro que genera millones de euros anuales. Además, aunque sí hay productos que sí muestran la procedencia en sus etiquetas, no es algo necesario, por lo que su veracidad queda en tela de juicio. ‘Hay muchas falsificaciones y manipulaciones. Esto conlleva una falta de transparencia para el consumidor y la industria de la Unión Europea queda minada’, explica Muscardini.

 

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