Se llama burnout o Síndrome del Trabajador Quemado, y es causa de miles de bajas laborales anuales en todo el mundo, incluida España. Se produce por el elevado nivel de estrés al que está sometido el trabajador de forma continuada y es culpa en parte de él mismo, del núcleo de compañeros y desde luego de la empresa por lo que la forma de evitarlo tiene tres frentes.
Al menos eso es lo que sostiene la guía editada por
Razones y soluciones
Dos de los principales riesgos que se detectan a la hora de analizar la situación de un potencial trabajador quemado es que se le atribuyan tareas superiores a su formación o a sus habilidades o que haya una escasez de personal que obligue al trabajador a asumir una carga de trabajo mayor de la habitual, con la angustia, el cansancio y la frustración que ello conlleva. Un mantenimiento continuado de esta situación puede hacer que el trabajador pierda las ganas por ir a trabajar y al final cualquier acción le llegue a supone un esfuerzo inconmensurable.
Para ello, la guía editada por CSIF nombra los tres frentes desde los que hay que luchar para evitar que el trabajador se vea atrapado en esa espiral y con ello se reduzcan las bajas laborales con tal motivo. En primer lugar, el propio trabajador debe ser capaz de detectar cuándo su nivel de cansancio es demasiado alto y pide ayuda. Además tiene que aprender a decir que no a algunas tareas y delegar otras. En segundo lugar, el papel que juega el grupo es fundamental en el trabajo ya que tener una base sólida de compañeros en los que apoyarse alivia muchas tensiones. Y en tercer lugar, lo que más directamente atañe a la empresa, la elaboración de un plan de prevención del estrés, así como una correcta planificación en el organigrama sobre quién lleva a cabo cada tarea.
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